domingo, diciembre 09, 2007

VERANO (completo)




















Presenté, sin suerte, a Verano en el concurso de poesía de Irojo. Supongo que al ser más narrativo que poético, no llamó la atención. Pero yo lo quiero a Verano. Yo regalo a Verano. Para que deje de ser mío.

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domingo, noviembre 18, 2007

Verano (fragmento)

XXVI

Es verano para festejar,
para alzar los brazos
como si sostuvieran una copa,
pero miro para un lado y después
para el otro, sin marearme,
de la misma forma en que digo que no
cuando estoy enojado, para ver si pasa algo
o alguien nuevo y que me saque una sonrisa
acá, en esta noche de verano, acá
en el pilarcito del fin del mundo,
con los poros tan abiertos
-abiertos como la noche-
que si un mosquito lo intentara
podría entrar dentro de mí y picarme
pero al revés, del otro lado, desde la piel
y yo no sabría cómo rascarme,
ni dónde hacer la cruz con las uñas,
ni cómo explicarle a mi abuela
que un mosquito se me metió en el cuerpo
y me picó desde adentro.

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miércoles, septiembre 26, 2007

VERANO (fragmento, en construcción)














XII

En el living de casa están viendo la tele,
se escucha, acá, desde el pilarcito,
son unos pasos nomás que nos separan.
Debe ser que mamá se olvidó
de que estoy afuera, porque sino
ya me hubiera venido a buscar,
me hubiera dicho que comparta la mesa,
que por lo menos esté presente.

Por lo que escucho
están viendo V, invasión extraterrestre,
esa serie en la que nacen bebés
con lengua de lagartija
y hay platos voladores.
Pero no se escucha ninguna voz,
capaz que se durmieron.
Cuando nos enteramos de que mamá
había tenido a Vero
estábamos en el living viendo V
y siempre hicimos el chiste
de que capaz nacía una lagartija
en vez de una hermana.

Lo que se escucha sin interrupción
son los sonidos del verano
-verano de los cuerpos-
los sonidos de una noche en verano
acá, pero en otro lado, acá
y en todos lados a la vez:
un grillo que compite consigo mismo
cada vez que lanza otro chirrido para superarse,
ladridos de perros lejanos haciendo eco,
gatas en celo muriendo en un grito ahogado y estridente,
alguna bocina en la avenida,
el ultimo tren que frena en Suárez y retumba hasta acá,
y la luna que no dice nada pero que hace ruido igual.

Parece que estos sonidos van a durar por siempre,
que no son de esta noche,
sino de todas las noches, y de los días,
de las tardes, de las mañanas despejadas,
y de las madrugadas de los cuerpos.

No se me ocurre
que mañana cuando me levante
pueda haber un silencio de pájaros negros.

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viernes, septiembre 21, 2007

VERANO (fragmento, en construcción)




















VI

Tiene algo de exhibicionismo
mirar la noche desde el pilarcito,
porque tranquilamente podría mirarla
desde la ventana o desde la terraza,
o capaz que es la certeza
de que igual nadie me está viendo.

Una voz rasposa me sorprende
mirando para el lado de Márquez,
¿qué hacés pibe a esta hora?
y giro rápido, aunque ya puedo adivinar quién es.
Es Iluminado, un verdulero que vive en la otra cuadra,
alto, gordo, morocho, inflado parece,
los cachetes se le escapan de la cara.
Nada, nada, digo,
como si estuviera haciendo algo raro.

De espaldas parece todavía más grandote,
y cuando dobla en la esquina
puedo seguir de vuelta el recorrido visual
por la vereda hasta llegar a la Avenida,
que a esta hora, parece una calle de barrio, como ésta.

Y me pregunto si no es tonto
esperar que pase algo o alguien nuevo
a esta hora de esta noche en verano,
y capaz que no quiero que pase nada,
capaz que lo nuevo tiene salir de mí,
o capaz que lo nuevo es el punto de vista,
porque esto lo vi mil veces.

De todas formas, esperar tiene su encanto,
porque es lo único que se me ocurre hacer,
y además adentro hace calor y las sábanas
se pegan al cuerpo porque están mojadas.

Uuuuu, digo bajito, para probar cómo me sale.

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sábado, septiembre 08, 2007

Verano (fragmento, en construcción)

XXII

Abajo del pilarcito hay
primero baldosas, y más cerca de la calle, pasto,
donde nace un camino de hormigas rojas
que caminan en fila india por dos carriles
en direcciones contrarias sin chocarse,
como si supieran de memoria
lo que significa mano y contramano,
siga, detenerse y precaución.

Desde lejos no se ve el camino,
ni la marea de insectos que viene y va,
pero en cuclillas se puede andar
desde el pasto de la vereda hasta el portón del garage,
y después girar a la derecha,
esquivar el motor del tanque de agua
por el costado sin tocarlo,
y seguir el trayecto hasta que
las hormigas se sumergen
en su castillo de túneles que se cruzan,
y forman barrios, ciudades, mundos,
pequeñas maquetas de cartulina
que contienen sueños urbanos de insectos.

Y enseguida el taller de papá,
donde no entran las hormigas
porque las quemaba con kerosene.
Les tiraba un chorrito en el caminito,
silbando, con una mano en el bolsillo,
y cuando terminaba de regarlas, prendía un fósforo
y lo tiraba encima de los bichos que ni siquiera se morían,
sino que desaparecían en el aire, achicharrados.

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viernes, agosto 17, 2007

VERANO (fragmento, en construcción)

XX

No me extrañaría
que de repente empezara a nevar,
aunque sea verano, esta noche,
porque todo cambia en un segundo,
y del calor agobiante a la nieve,
no hay más que dos pasos de distancia.
Incluso se siente en el aire
-aunque todavía no pase nada-
el olor que hay antes de la lluvia,
esa mezcla de tierra y pasto,
y una densidad que se siente al tacto
en la yema de los dedos
y se escuchan muy lejos los tambores
que anuncian con ritmo de carnaval
la llegada de las nubes y el agua.

Cuando llovía mamá me llamaba
para que entrara rápido
porque me quedaba con la mente en blanco
-ahora lo sé, como un oriental-
mirando los globitos que hacían las gotas
al caer en el piso de cemento del patio.
Se inflaban para ser caparazones de tortugas
invisibles, translúcidas, y se deslizaban a la deriva
como botes de cáscara de nuez sonámbulos.
Las gotas nuevas hundían los barcos.
Eran puros naufragios,
capitanes muriendo en su ley de mar,
hasta que se los tragaba la alcantarilla.

Y en las vacaciones en el mar
me quedaba toda la tarde
esperando ese segundo
en el que el mar se calla,
deja de zumbar en el oído,
se detiene y todo parece una postal,
un rectángulo de cartón escrito a mano
con una foto de un lugar irrepetible,
porque las fotos inventan un lugar y un momento
que no se puede repetir ni posando.

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miércoles, agosto 15, 2007

VERANO (fragmento, en construcción)

XVI

De repente, explota, en el cielo, una estrella
y no entiendo qué pasa porque enseguida
explotan otras más y pienso que se va a caer el cielo,
pero cuando veo los colores y llega el sonido,
entiendo que son juegos artificiales
y que no hay de que preocuparse, sino mover
las piernas como si estuviera contento
y dejarlas que reboten contra el pilarcito.

Sin querer pateo a un caracol que cae
en el piso de la vereda
pero no puedo bajar a ayudarlo.
Me acuerdo cuando la abuela nos regaló
un juego para hacer experimentos
y Hernán agarró una lupa que venía,
le apuntó al sol, y dejó que el hilo de luz
cayera sobre el cuerpo de un caracol
que habíamos encontrado en la reja.
Al principio no pasaba nada,
pero al ratito, empezó a salir humo
y el caracol largaba una baba roja.
Después se aburrió y se fue.
Yo me quedé mirando
al pobre bicho que ni se quejaba
y para que no sufra lo puse en el medio de la calle,
para que lo pise un auto.

Enseguida pasó uno y splatch.

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lunes, agosto 13, 2007

VERANO (fragmento, en construcción)















XIII

Como tengo ganas de hacer pis
me acuerdo de la señora que pasa caminando
todos los mediodías por la puerta de casa
y grita cosas que no se entienden
con una bolsa de hacer compras toda sucia,
y con una pollera negra agujereada
que se levanta cada vez que quiere hace pis
y se muestra desnuda porque no tiene bombacha,
pero no le importa y se ríe y parece una estatua
de esas que están en las fuentes, pero más fea.

Entonces me paro en el pilarcito,
me bajo los pantalones hasta las rodillas
y meo como una estatua.
Me quedo duro mientras el chorro
cae haciendo una curva al pasto,
y sale una espuma como de cerveza,
se forman varios surcos en la tierra,
canales que direccionan el pis
al cordón y se mezcla con el agua podrida
para que todo junto termine en la esquina,
en la alcantarilla donde una vez
se me cayó un barco de papel
que había armado para competir
con los palitos que flotan en el cordón
y jugar a cuál llega primero.
Nunca me pregunté dónde van a parar
los barcos de papel que se pierden
en la oscuridad de las alcantarillas,
pero me lo podría haber preguntado.

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libre, y sin pensar















Yo, 1985.

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domingo, agosto 12, 2007

Verano (fragmento, en construcción)

XI

Y un día llegó Guadalupe al barrio,
con cara de perdida y asustada.
Se bajó de un auto azul con sus padres
-que se fue después de dejarla-
y entró como si entrara a una casa extraña,
a su casa, para empezar a ser mi vecina.
Era más grande que yo, tenía la edad de Hernán, mi hermano.
Rubia, blanca, hermosa. Dijo que antes vivía en Belgrano,
en un edificio de treinta pisos.

Un ventanal enorme sin cortinas que daba a la calle
era la ventana de su habitación, y cuando se despertaba,
mientras hacía la cama y acomodaba la ropa,
yo buscaba cualquier excusa para pasar
por su vereda para verla en movimiento,
y ver ese pijama entero con dibujos
de lunas de todas las formas, y creo,
que no había ninguna en esa prenda
que se parezca a la que tengo acá,
del otro lado de la calle, pero más arriba.

Una vez me vio mirándola
-con la boca abierta, como una momia-
y cuando volví a pasar, las persianas estaban bajas.

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sábado, agosto 11, 2007

Verano (fragmento, en construcción)

X

El pilarcito está caliente

porque le dio el sol todo el día,
incluso tiene la pintura descascarada,
y con las uñas la raspo para que caiga.
Eso porque no sé qué hacer,
y mientras uno espera tiene que hacer algo,
para hacer de cuenta que no espera.

A la altura de la ventana de Guadalupe
-en realidad ella no vive más ahí hace tiempo-
hay un perro que mea un canasto de basura
con la lengua afuera, y los ojos cerrados.
No debe ser del barrio porque no lo conozco,
y de repente, como si se acordara de algo
en lo que estuvo pensando toda la tarde,
el perro sale disparado, dando un ladrido,
hasta que desaparece en la oscuridad.

Y todavía no pienso en la luna
que estalla blanca en el costado superior derecho
de este cuadro que es esta calle en una noche de verano,
en la vereda de enfrente, del lado Márquez,
en el pilarcito que me separa de la tierra,
porque no sé bien que pensar,
porque pienso que si digo algo sobre ella
voy a repetir cosas ya dichas, o sea:
la miraría desde una forma de mirar
y borraría su singularidad y la mía.
Porque para mí, la luna, en esta noche
es un pedazo de cartulina blanca,
recortado prolijamente con tijera
sobre los bordes que trazó un compás.
Pero mejor no lo digo.

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